1984.

En estos días hay un meme que está dando vueltas como un virus entre propios y extraños en el país: En el sitio web de una empresa llamada Cero Riesgo, evidentemente relacionada con manejo de información crediticia y esas cosas, alguien descubrió cómo, insertando el número de cédula (documento de identidad) en una dirección (URL) particular, es posible accesar la fotografía de uno, particularmente la que el Registro Civil utiliza en los documentos de identidad que portamos todos y cada uno de los costarricenses.

Por ejemplo, aquí está la mía, que corresponde a la de la cédula que porto actualmente. Las fotografías, en su mayoría, tienen alrededor de 7 u 8 años de antigüedad, y a muchos les parece gracioso verse cómo, no para mejor en muchos casos (incluyéndome) los años no pasan en vano, y cómo sus amigos se parecen en poco o nada a como son actualmente.

Sin embargo, en medio de las risas y el asombro de la gente, queda la inquietud como piedra en el zapato: ¿Quién es Cero Riesgo? ¿Cómo y por qué tienen acceso a información que, se supone, es de dominio exclusivo del Registro Civil, una institución pública y del Estado? Y sobre todo, ¿por qué no se le avisa a los ciudadanos del uso y tráfico de sus datos con entidades ajenas a la institución? No fue así como que me preguntaran si quería o no aparecer en esa base de datos bajo mi responsabilidad; simplemente aparezco ahí. Y como lustre para el queque, si uno altera un poco la dirección aparecen datos adicionales sobre uno y el siguiente texto, sacado supuestamente de una resolución de la Sala Constitucional, como quien dice para lavarse las manos:

Resolución 02563-99 de las diez horas con veinticuatro minutos del 9 de abril de 1999: “…no estima esta Sala que la recurrente haya sido objeto de una invasión ilegítima a su intimidad, ni que se le haya discriminado o violado algún otro derecho fundamental, como el de la imagen por tenerse una foto suya, pues ello es para su correcta identificación.”

Buen intento, pero no explica el por qué se hacen estas cosas sin el consentimiento previo de cada quién.

La malicia indígena apunta a que, sin duda, hay algunos haciendo clavos de oro, y muchos, con la información pública de la ciudadanía. Igual, ¿quiénes pueden ser los principales clientes de la empresa esta? Entidades bancarias, sin duda. De esas que te están jodiendo la vida cada cinco minutos llamándote para regalarte tarjetas de crédito que no has pedido. Como si a la hora de abrir una cuenta no te pidieran, de por sí, toda esta información y encima hacerte verificar por la SUGEF. Ahora es mucho más evidente ver de dónde obtienen muchos de nuestros datos.

No hay duda: Somos un pueblo al servicio del Estado, y no al revés.

Actualización: Al día siguiente de publicado este post, los enlaces de la empresa mencionada ya no están desplegando la información descrita aquí. Se ve que están al tanto de Internet y los sitios donde se ha hablado de este tema. ¿Por qué no dan la cara?