Do(n’t) be evil

Don’t Be Evil es un precepto muy fácil de cumplir cuando es uno el que define que es evil y que no; y que el principio de neutralidad de la red sea destrozado por Google acaba de tirar abajo a otro de los mitos de Internet, ya que esto es ser evil en todas sus formas.

El insigne comunicador argentino Mariano Amartino en cómo la evidente aparente preferencia de Google por un ISP (proovedor de servicios de Internet) particular en su país (remitirse a respuesta de Sebastián Delmont en el susodicho post) puede, de ser lo que se teme, un precedente muy peligroso para el resto de la Internet y la proclamada neutralidad de la misma.

No voy a ser yo el que despotrique contra Google y todos los que le admiran, si yo mismo (y prácticamente todos los usuarios de Internet) dependemos en bastante medida de sus servicios de correo electrónico, RSS, búsqueda y todas esas cosas. Intentemos concebir una red mundial sin las prestaciones de Google que, sin darnos cuenta, utilizamos todos los días. ¿Difícil, verdad?

Pero a la vez debería hacernos pensar si con tanta adulación y el poner a la compañía de Mountain View en un pedestal permanente, hemos terminado por darles más poder de lo que nos conviene.

¿Un signo de lo que está por venir en Internet, o no es aún hora de sacar las cacerolas virtuales?

Actualización: A modo de bis y con más información mediante, Mariano nos aclara que todo se debió a, básicamente, un comunicado de prensa pésimamente redactado. No es ni de lejos el primer exabrupto en Internet que se lleva a muchos en banda, ni será el último, y aparentemente Google sigue siendo para felicidad del mundo el buen vecino incapaz de hacer daño a nadie. 

Aunque estos nuevos desempleados nos digan lo contrario…

Croogle.

Actualización: Como casi todo lo bueno en este país, la noticia fue un mero alegrón de burro. Alguno de los muchos impresentables que conforman nuestro patético Gobierno tomó, según Google en comunicado oficial, “frases fuera de contexto” de una reunión entre el presidente Arias y ejecutivos de la compañía del buscador, y así se difundió el mensaje desde Casa Presidencial. ¿Dónde está el Chapulín Colorado para que venga a defendernos de tanto imbécil y tanta mediocridad? Con razón no despegamos del Tercer Mundo. Abajo, el post original tal cual se publicó, para propósitos de archivo.

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La noticia ha caído como una bomba sobre los computines y geeks del país que celebran el acontecimiento con chillidos propios de colegiala fan de una boy band: Google — sí, ese mismo mítico buscador que cambió Internet para siempre — viene a establecer oficinas en Costa Rica.

Según la noticia, Costa Rica albergará la sede regional de Centroamérica (actualmente las operaciones en la región se manejan desde México) y entre sus planes se menciona el de digitalizar el contenido de las bibliotecas públicas y el de ofrecer “oficinas virtuales” para la pequeña y mediana empresa del país.

De inmediato, la imaginación de muchos de nosotros –hay que admitirlo– ha empezado a fantasear salvajemente. No es ningún secreto que, además de su presencia en Internet, Google es reconocido como el mejor lugar para trabajar no solo de los EE.UU, sino del mundo entero. Y eso sin contar los honorarios que ofrecen a sus empleados. Las fotos de su oficina en Zurich (Suiza), por ejemplo, hablan más que mil palabras.

Google Zurich Collage

Aún está por verse si la presencia de Google en el país se consolidará en forma de simples oficinas administrativas, o si –como muchos esperan– incluirá equipos de producción y desarrollo. Porque de darse el segundo caso, lloverán toneladas de curriculums a las puertas de la mítica compañía, por razones que sería demasiado obvio explicar, aunque a juzgar por la fuerza laboral predominante en el resto de sus oficinas, serán los ingenieros en software más cotizados del país quienes más podrán aspirar de forma realista a un puesto. Yo estoy convencido que, al menos en el campo del IT, la presencia de Google en el país marcará un hito similar a cuando, hace más de diez años atrás, Intel decidió establecer acá una planta de producción. Algo tendrá este país para seguir atrayendo este tipo de iniciativas, después de todo. El futuro laboral, al menos, se ve promisorio.