Chuspa.

“Colegial fabricó rifle con planos obtenidos en Internet” reza el titular de una noticia de hoy. Dejando aparte el hecho de que ocurriera en la provincia más conflictiva y pobre del país –indudable caldo de cultivo para la criminalidad–, lo que más me inquieta es la intención del titular, y el mal disimulado morbo del énfasis en lo de “obtenidos en Internet”.

No es un secreto que aún en estos tiempos hay quienes insisten en culpar a Internet como la fuente de todos los males modernos de la humanidad. Pero ya en la época pre-cibernética era posible –aunque quizás más difícil– obtener información sobre fabricación de bombas y armas caseras. El libro The Anarchist Cookbook (que incluso aún es posible obtener por sitios como eBay) de 1971, por ejemplo, es un manual detallado para la fabricación de armas como Napalm y cocteles Molotov a partir de materiales tan prosaicos como el jabón y la gasolina. Más bien creo yo que es un verdadero milagro que con tanta información armamentística disponible no hayamos aún terminado de volarnos en pedazos.

Si fuéramos tan ingeniosos y creativos para arreglar este país así como sí lo somos para choricear, vaciar los erarios públicos a lo Houdini, inventar excusas para todo o aprovecharnos de los demás, qué diferente sería todo.