Slainté.

Destilería StrathIsla

Hay que decirlo: El placer sibarita de consumir bebidas espirituosas con miras a saborear y disfrutar cada gota haciendo del mero acto de tomar un acto casi ritual, es de las pocas cosas que hacen soportable la carga de vivir.

Muchos hay que escogen para tal propósito el vino, para ellos hay cientos de cientos de variedades para todo gusto y presupuesto, amén de miles de sitios web, revistas, y listas de discusión para sacarse el conocedorcillo snob que todos llevamos por dentro y así demostrarle a los demás cuán sabidos somos en la materia y, con suerte, sacar a algunos novatos de la ignorancia y guiarlos por la “forma correcta” de degustar estos almíbares divinos.

En mi caso, como en casi todo en mi vida, decidí escoger un camino mucho menos andado y popular, pero igual de apasionante: El del whisky escocés.

Para el no iniciado en estas lides, es probable que encuentre poca diferencia entre un whisky y otro de los que comúnmente se encuentran en los comercios y que lo considere un trago que, a lo más, se toma mezclado “en las rocas”, con club soda o, como aparentemente hacían los Beatles, con Coca Cola (¡horror!). Y nada más alejado de la verdad o de las posibilidades del agua de vida (del galo-escocés uisge-beatha). Es entonces que en un intento de sacar a algún lector interesado en el tema de la crasa ignorancia vamos a ir desgranando en diferentes entregas cómo reconocer, diferenciar y probar el whisky (y no quedarse tumbado en el intento).

Comencemos por el whisky mismo. Por whisky nos referiremos aquí al ídem producido y embotellado en Escocia. Los aficionados al bourbon como el Jack Daniel’s y Jim Beam pueden dejar de leer esta nota.

Existen básicamente dos tipos de whisky escocés: Los whiskies mezclados, que son los que comúnmente se venden en todas partes como Johnnie Walker, Dewar’s, Chivas Regal, etc. Y luego están los whiskies de malta, fácilmente identificables por las palabras “Single Malt” en la etiqueta y que provienen de destilerías únicas y embotellamientos limitados. Evidentemente, éstos últimos son whiskies más caros y se obtienen por lo general en comercios especializados.

Al contrario del whisky mezclado, que como tal es perfecto para tomarse tal cual viene o acompañado de agua soda o en las rocas, la gracia del whisky de malta está en catarlo, o sea evaluar sus características de gusto, cuerpo y olfato, a temperatura ambiente y a lo más, mezclado con unas cuantas gotas de agua de manantial (¡no se les ocurra utilizar agua del tubo!). Con el tiempo y la experiencia, el catador aficionado será capaz de distinguir en gusto, intensidad y aroma las grandes diferencias entre los diversos whiskies de malta que existen (¡cientos!, de los cuales pocos, lamentablemente, se conocen fuera de Escocia).

De momento terminamos con un enlace que explica todo el procedimiento apropiado de cata de whisky de malta. En próximas entregas iré incorporando a este sitio las notas de cata de diversos whiskies que he tenido suerte en probar. ¡Salud!