Rejuntado (II)

  • No sé si a alguien más le pasa, pero encuentro a la gran mayoría de presentadoras y periodistas de nuestra televisión nacional irritantes, sobre todo por el habladito añiñado de chica consentida que nunca quiso crecer que muchas ostentan (cuando no es que gritan a galillo pelado). Y encima tampoco se cuidan con la entonación de la voz. El resultado, digno de correr a cortarse las venas en cruz si no existiera la opción de dar el perillazo. Y el cable.
  • Las investigaciones en torno a las míticas computadoras del ex-líder de las FARC han comenzado a señalar involucrados con nombres y apellidos en el país. El efecto caca en el ventilador adquiere proporciones épicas, y de casualidad muchos de los nombrados son representantes muy conocidos del ala izquierda más recalcitrante del país. Si camina como un pato, tiene plumas como un pato y hace cuac como un pato…
  • Notición digno de paparazzis, la Britney — o más bien, lo que queda de ella — ha aterrizado en este vergel por “vacaciones” en compañía del rey del cine gore autorevestido de relevancia histórica Mel Gibson, quien posee propiedades en la región que cada vez se perfila más como el Biarritz del subdesarrollo. Y aquí no ha pasado nada. Con razón les gusta tanto venir.
  • En unos días me toca ofrecer una charla sobre usabilidad en tecnologías móviles, cómo Internet finalmente nos está haciendo nómadas y cosas así, el próximo miércoles 21 de mayo a las 6 pm en el auditorio de Educación de la UCR. Los que estén interesados en el tema y puedan llegar, bienvenidos. Próximamente estaré colgando la susodicha presentación en este sitio.

Rejuntado (I)

En los días que salgo del trabajo y tomo el breve trecho para llegar al gimnasio, casi siempre me topo con las filas de obreros que vuelven de su jornada construyendo al frente el San José versión Disneylandia, a quienes una vez terminado se les negará la entrada por su condición socioeconómica. Ironías de la vida.

Por culpa –quizás– del calentamiento global y de que donde otrora hubo cafetales alrededor hoy hay proyectos de “interés social” y zonas francas repletas de call centers que compiten en hacinamiento y fealdad estética, mi casa se convierte en un horno de convección con el inclemente sol del mediodía. En algunas paredes pareciera ser posible cocinar un desayuno completo. El ventilador perpetuamente encendido –aún en las noches– ha sido parte de mi vida desde hace mucho tiempo. El caso es que tantas veces va el cántaro a la fuente que termina por romperse, y hastiado de la situación y del eterno sauna diurno le largué un sonoro fuck you a los ambientalistas hippies y voy a instalar –por fin– un aire acondicionado en toda regla. Si el planeta va a irse al carajo, que al menos estemos frescos como lechugas cuando suceda. De todos modos, ya con esto me garantizo mi boleto en primera clase al infierno, según la iglesia católica.

Gracias a la aventura selvática de hace un rato, mi pie izquierdo ha comenzado a quedarse sin uñas. Por dicha es un asunto temporal –maravilloso que es el cuerpo– y la verdad que no soy nuevo en estas experiencias; ya en los tiempos del colegio me cerraron la puerta de mi casa con el dedo anular derecho prensado con similares consecuencias. Me pregunto si ahora que vamos a tener opciones de seguros para tirar hacia arriba habrán opciones para asegurar extremidades corporales, porque a este paso ya me veo firmando un contrato.