Hit the road Jack

Mal la tiene la ambición humana de la inmortalidad con este mundo donde nada es eterno. Ni siquiera los reyes del pop.

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Para alguien cuya vida entera fue un circo sin fin, era de esperar que su muerte también lo fuera. Triste destino de quienes escogen vivir en la sombra de la opinión pública.

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Unos celebran. Otros lo lloran. Pero nadie en absoluto ha permanecido indiferente. Como es de esperar con semejante figura. Debe ser al menos interesante no irse de este mundo así, sin pena ni gloria.

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De una cosa sí podemos estar seguros: El mundo jamás conoció un negro… tan blanco.

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Blame it on the boogie, Michael.

MIchael Jackson 1958-2009

Scratch.

Quienes me conocen a fondo saben que soy bastante ecléctico y abierto en lo que toca a gustos musicales — aunque tengo, como es de esperarse, mis favoritos–. Uno de mis principales placeres musicales ocultos ha sido el del hip-hop, sobre todo el que conlleva letras con mensajes que te provoquen alguna reacción: reflexionar, hacer crítica o simplemente reírte. En nuestra cultura y nuestros medios, dominados por la tiranía vacua del reggaetón y el chiqui-chiqui, artistas ejemplares de este género en nuestro idioma –que los hay, y muy buenos– pasan eternamente condenados al olvido y a la indiferencia. De lo que nos perdemos. Por fortuna que existe Internet para darnos cuenta de que en música hay mucho más allá de lo evidente.

Me inclino generalmente por el hip-hop de Europa, cuyo estilo, letras y sonido tienen realmente poco que ver con la contraparte más conocida estadounidense, que en estos días solo parece tratar de raperos con demasiado dinero, joyas y mujeres hablando de nada. Francia es por mucho la meca del hip-hop europeo. Nombres como MC Solaar, Faf Larage, Alliance Ethnik y muchos otros son considerados eminencias en el medio. En España, la afinidad con el idioma lo hace aún más interesante y existen íconos como Violadores del Verso, Nach, Mala Rodríguez, SFDK, Kase-O y muchos otros, con niveles de producción y profesionalismo que no tienen nada que envidiar a los más conocidos símiles del país del norte. Y al contrario de éstos, las letras de los europeos tienden a ser más variadas en contenido, más en son de “reflexión social”, e incluso más entretenidas si se trata del juego de rimas en modo rápido que parecieran una hazaña casi imposible de memorizar.

El caso es que hojeando una de esas revistas underground que por lo visto no circulan fuera de San Pedro me topo con un sujeto que se hace llamar Castillo, y le hace a esto del hip-hop “de verdad” en nuestro país. Me intrigó; no sabía ni me imaginaba que hubieran artistas de ese género en este cafetalito con luces, sobre todo considerando que nuestras historias diarias darían para hacer un aluvión de temas. Y la verdad es que no lo hace mal, aunque es obvio que falta trecho por recorrer para llegar a los niveles de Francia o España. Pero hay algo. Existe. He aquí un video.

Enrique Castillo tiene 30 años y a los 19 partió a Francia, donde residió por tres años y evidentemente descubrió el hip-hop, que lo marcó de por vida. De regreso en el país comenzó a escribir canciones en plan de pasatiempo, pero no fue hasta el 2000 que comienza a darle forma a lo que sería su proyecto por los próximos ocho años; el disco Hecho en Casa. Y se rumora un segundo disco para este año. Me pregunto si habrán más raperos criollos por ahí.

Hay muchas otras piezas de Castillo en su sitio de MySpace.