A diez años del once del nueve

Vista de Manhattan desde Hoboken, NJ por Chris Casciano.

Todos, sin excepción, recordamos qué estábamos haciendo o en donde estábamos cuando hoy hace diez años dos aviones comerciales secuestrados por terroristas impactaron y destruyeron el icónico World Trade Center de Nueva York, quizás el principal centro financiero y económico del orden mundial. En ese tiempo iba a trabajar, en bus, desde Heredia a Tres Ríos y hacía apenas un par de días antes habíamos realizado un lanzamiento importante de un sitio web, a la espera de captar la atención y el mercado nacional.

Por alguna razón que no recuerdo yo me quedé más tiempo de lo habitual en casa desayunando. Quizás fue al prender el televisor y ver las escenas de horror sin precedentes que ocurrían desde el distrito financiero de NY mientras intentábamos asimilar el hecho de que la vida como la conocíamos hasta esa fecha de algún modo no volvería a ser la misma, y que bien podíamos estar presenciando en ese momento el inicio de la Tercera Guerra Mundial, el fin del American Empire, del capitalismo, o hasta de la Tierra misma cual si el impacto de los aviones fuera un presagio de algo aún más dantesco por venir. Para una país aún grandemente dependiente de los Estados Unidos como Costa Rica, esto no podía significar nada bueno.

Pero la realidad de nuestro entorno inmediato era el de la vida siguiendo su curso usual, y eso significaba ir a trabajar o a estudiar como de costumbre. Tomé el bus de mi barrio hacia la UCR para hacer ahí el transbordo a Tres Ríos. Pero ese día fue como operar en piloto automático. De hecho, no recuerdo haber sido realmente productivo ese día. Imposible. A falta de una conexión de banda ancha (aún no existía esa opción en muchas partes del país), intentaba bajar, a cuentagotas con un módem y con una tarifa cobrando el acceso a Internet por minuto, algún atisbo de noticia que tuviera más información. Pero la saturación y caídas eran la orden del día en los sitios web de noticias, y como consecuencia obvia nuestra campaña del sitio web quedó enterrada y olvidada bajo esta catástrofe, como si nos hubieran caído encima los escombros de las Torres. No se habló de otra cosa en semanas.

Vista de Ground Zero, esquina noreste. Mayo del 2010.

Conforme fueron pasando las semanas y los meses y se iba asentando poco a poco el polvo de los escombros del WTC, fuimos progresivamente dándonos cuenta de nuestra nueva realidad, nuestro New Normal. Viajar en avión pasó de ser un placer a ser, aún hoy, un mal necesario y traumático para todos. El turismo de EE.UU se fue a pique, y con ello las ganancias y sostenibilidad económica del turismo local. El gobierno del entonces presidente G.W. Bush no tardó en ponerle una cara al atentado y así poder personificar al enemigo en la figura de Osama Bin-Laden, líder de la organización terrorista responsable Al-Qaeda, y ordenar una invasión sin precedentes a Afganistán e Irak, país donde se decía estaba escondido este sujeto. Situación que se mantuvo hasta hace pocos meses cuando este mismo gobierno proclamó con gran pompa y circunstancia el abatimiento del hombre-símbolo Bin-Laden, en su mansión-bunker de Abbottabad, en Pakistán. Sin embargo a la fecha las tropas de los EE.UU aún permanecen en ese país, y la gran mayoría de sus habitantes aún no tiene idea por qué todo esto ha pasado.

Poco después de este incidente me gradué a los días de la Universidad, recibí una oferta de trabajo en México y hacia allá me fui por unos meses. La verdad es que el final del 2001 fue un período convulso para mí, casi como si de algún modo el incidente del 9/11 hubiera influido en ello. Y también esta retrospectiva me ha hecho ver cómo han cambiado, para mí y para casi todos —asumo— las cosas en diez años. En mi caso y haciendo un balance justo, para mejor en muchos aspectos. Y también he perdido muchas otras. Pero supongo que así es la vida para todos, y que eventos como éste nos demuestran que el pretender tener control de cada segundo de nuestra existencia, en realidad, no es más que una vana ilusión.

Foto de encabezado gentilmente cedida por Chris Casciano. Foto de Ground Zero por el autor.

 

Para lo que sirve escribir: Chau 2010, hola 2011

Hace un año tuve la idea de publicar un post de propósitos de año nuevo. Y un año después, es interesante ver en retrospectiva todo lo que uno se propuso cumplir (y que, en la mayoría de los casos, no se cumplió o no aconteció exactamente cómo me lo imaginaba). Y la verdad es que es un ejercicio interesante de hacer a cada fin y principio de año. Es un buen hábito, me parece.

Así las cosas, shot de Jaegermeister en mano y escribiendo desde una soleada tarde en mi patio, hagamos un recuento entre lo que me propuse y lo que realmente sucedió.

  • Más que preocuparme menos por escribir, terminé por no escribir del todo salvo las brevísimas incursiones en Twitter y Facebook. He encaminado más mi tiempo y esfuerzo a dibujar de nuevo. Por ahí se ha dicho que las redes sociales mataron a los blogs. Los personales, se entiende, y probablemente eso sea muy cierto. Pero si este espacio no sirviera para otra cosa que para publicar un post como éste cada año, eso para mí es más que suficiente.
  • El 2010 no fue el año del carro nuevo. Ni creo que vaya a serlo éste 2011. Sigo manejando la misma pieza de museo y aunque reconozco los puntos extra que me daría en imagen andar en un modelo menos antediluviano, también éste será para mí en muchos años el primero en estar completamente libre de deudas. Soy totalmente consciente de la oportunidad entre un millón que esto representa. En cuestión de días o a lo sumo un par de meses espero cancelar lo que me queda, y la verdad quisiera pasar un tiempo sin preocupaciones en ese aspecto. Además necesito ahorrar bastante para futuros proyectos de vida.
  • Sigo soltero sin compromiso y a la orden. Pero a diferencia del año pasado, he decidido para éste tomarme el asunto con calma. Sin entrar en detalles innecesarios, hace algunos meses asistí a un seminario terapéutico que me ayudó a poner en perspectiva muchas cosas de la vida y darme la paz mental que tanto necesitaba. Ahora reconozco que las fases de la vida suceden en el momento en que deben de suceder, ni antes ni después, y que estas fases nunca suceden al mismo tiempo para todos.
  • En el 2010 me propuse comenzar a darle un nuevo giro a mi vocación profesional. Deseaba recuperar mi hábito del dibujo y materializar el largamente ansiado proyecto de publicar un cómic de mi autoría. Hoy comencé a dar el primer paso en esa dirección. Me he estado preparando física y mentalmente para obtener la disciplina y orden necesarios para lograr la continuidad y consistencia que este proyecto requiere para ser exitoso. Espero de aquí a un año poder publicar resultados interesantes.
  • En el 2010 sólo pude hacer un viaje al exterior, y fue uno de oportunidad a Nueva York. Las circunstancias no fueron muy favorables el año pasado; estuve en tres trabajos distintos con toda su subsecuente problemática. Quiero seguir viajando en la medida de lo posible, pero en lo que a este año respecta solo vislumbro la posibilidad de asistir a una convención de cómics, ya sea a San Diego en julio o de nuevo a Nueva York en octubre. Lo más probable es que sea Nueva York.

Y ahora, hablemos de éste 2011 que recién inicia.

Dicen los que saben que no planear mucho es de sabios. Pero igual pondré algunas cosas acá que estimo realizables, sin ningún orden particular.

  • Continuar desarrollando mi webcómic, ¡Dale Dani! y llegar a 1000 fans en Facebook para fin de año.
  • Estar atento a oportunidades que me permitan convertir mi pasión en algo financieramente sostenible. Después de todo, parte de mi gran proyecto de vida es llegar a ser empresario independiente para mis 40 años.
  • Seguir extendiendo mi networking con énfasis en las áreas que ahora me interesan, y seguir agradeciendo a los amigos que han estado conmigo a través de los años.
  • Conservar el hábito del ejercicio y el gimnasio que adquirí por impulso hace cuatro años. (Un hábito que a muchos les dura las dos primeras semanas de enero, valga decirlo) :)
  • Seguir ahorrando capital para emprender y no quedarme sin gasolina a medio camino. También que se logre vender un lote en Escazú que fue herencia de mi difunto padre y que me daría un empujón significativo en este aspecto.
  • Seguir aprendiendo más de la vida y el universo y no dejarme llevar por el alboroto de las masas, porque la voz de la sabiduría solamente se puede escuchar en el silencio y la reflexión.
  • Aprender a manejar y asimilar con madurez las circunstancias imprevistas. Siempre he sido muy de planificar todo y reconozco mi debilidad de perderme cuando las cosas no salen exactamente según mis planes. Algo en lo que necesito mejorar.
  • Y sobre todo, compartir y agradecer cada día la presencia de las personas a las que quiero, que me apoyan y a las que llamo mi familia, la propia y la molecular, como diría mi amigo escritor Lucho Cháves. Hoy pueden estar conmigo y mañana no. Nunca podemos saberlo con certeza. Por eso es que cada día debería ser una celebración de estar juntos. De compartir. De sentir. De vivir.

Eso sería. Nos vemos en la próxima vuelta alrededor del sol.

Pasando el trapo

Las ganas de expresarse no se mueren, sólo se van de vacaciones por un rato y, tarde o temprano, regresan.

Por eso no recuerdo momento alguno en que haya dicho “cierro esto” porque es inútil. No viene al caso.

Ah por cierto, sin contar el montón de años en que andaba con aquel otro blog, ya acaban de pasar dos años (¡se me había olvidado!) que ando con éste. Nadie compró candelas ni pastel para celebrar. Perdonen la desidia.
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