A propósito del Colegio de Diseñadores y los gremios audiovisuales

Cuando yo estaba por terminar el colegio secundario, una de mis fantasías era poder estudiar animación 2D como una carrera. Algunos años atrás había comenzado a tener interés y pasión por el dibujo, y siempre soñé con ser como esos que dibujaban para las películas de Disney u otros estudios parecidos. Mandé cartas a universidades del extranjero que contactaba a través del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en esos tiempos sin Internet. Recibí muchos folletos y formularios maravillosos. Lo que no era maravilloso era el costo anual, imposible de cubrir para mí, y sin opciones de beca tuve que tomar decisiones más prácticas, como procurar ingresar a la UCR y a la Facultad de Bellas Artes. Que era en esos tiempos la única opción viable en el país para alguien que quisiera estudiar diseño, como yo.

Mientras intentaba sacar un título de Artes Gráficas en esa institución, llegó Internet y me transformó por completo la vida. Tanto así que, aunque logré terminar el bachillerato y graduarme a pesar de infinitas veces de querer dejar todo tirado, nunca ejercí realmente la profesión. Mi experiencia en publicidad y diseño tradicional fue más bien poca, y lo que empezó por una cuestión de fiebre de computín (hacer diseño web) me fue llevando por muchos trabajos y experiencias hasta llegar a trabajar con multinacionales de renombre y a trasladar mi enfoque a la Arquitectura de Información. No recuerdo un sólo trabajo en donde el ser titulado (a pesar de que se ve bien en un curriculum) haya tenido más peso en mi contratación que la experiencia y trabajos previos que realicé en el campo.

Escribo esta pequeña anécdota a propósito de varios eventos que están desatando un polvorín en los gremios profesionales del diseño gráfico, la animación y la ilustración nacionales (¡Estamos progresando! Hace 20 años hablar de profesionales de animación en Costa Rica era impensable!).
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Merz.

Recuerdo de mis tiempos como estudiante de Bellas Artes de la UCR varios intentos por consolidar una asociación oficial de profesionales del diseño en nuestro país, todas ellas fracasadas por una u otra razón (aunque el individualismo y los egos inflados de muchos de sus integrantes, creo yo, han tenido un papel importante en ello). A diferencia de gremios como los ingenieros agrónomos, abogados, arquitectos y médicos, el gremio del diseño gráfico en Costa Rica tradicionalmente ha carecido de un eje de unión –como el AIGA en Estados Unidos, por un ejemplo–, disgregado en tantas partes como practicantes hay. Y esto, eventualmente, pone en serias desventajas al profesional a la hora de ejercer derechos como cobrar un monto mínimo y razonable por su trabajo y de que se siga viendo al diseño como algo que “cualquiera puede hacer”.

El más reciente intento de enderezar esta situación viene de la mano del Ministerio de Cultura, con un Directorio de Diseñadores en Internet. La idea –supongo yo– es de que los diseñadores agreguen sus datos al sitio y así ir creando una comunidad virtual de profesionales del sector que le den una imagen fuerte y seria al diseño en Costa Rica. Sin embargo, pareciera ser que estas iniciativas de Internet siempre se las encargan a quien menos conocimiento tiene del tema.

  • En primer lugar, se piden datos sin especificar cómo o para qué van a ser usados. No me importa que se trate del Ministerio de Cultura; en estos tiempos en que todo el mundo anda detrás de tus datos personales y al acecho de tu privacidad, lo menos que se puede esperar es que te digan de qué forma se van a emplear los datos que ahí pongas.
  • Me pregunto cuál es la intención de especificar si uno hace trabajos freelance o no, aparte de indicar su modus operandi.
  • El formulario de búsqueda, aparte de estar en una página aparte, se ve complicado desde el inicio. No se especifica si campos como “Especialidad” o “Palabras clave” son campos obligatorios. Sería mucho mejor un simple campo de texto y que bajo un enlace se ofrezca la opción de Búsqueda Avanzada para aquellos que así lo desean.
  • El despliegue de resultados tiene la belleza y el encanto de una lista de guía telefónica. Uno supondría que, al tratarse de un directorio de diseño, el formato y disposición de los datos deberían de, esto, mostrar al menos unas cuantas nociones del ídem…

Sé que habrán quienes digan que es muy fácil hablar y señalar. Esto de ningún modo representa una crítica destructiva a la iniciativa –el solo hecho de que alguien haya pensado en ello, y máxime con respaldo institucional, ya es bastante en sentido positivo–. Pero el proyecto, tal cual se nos muestra, es algo que nos deja a algunos más interrogantes que respuestas. Tiene el Ministerio la última palabra.

Enlace relacionado: Ministerio de Cultura ofrece un sitio web a los diseñadores