La madurez del blog nacional

Con la otorgación hoy del premio Pío Víquez de periodismo -el más prestigioso en su campo en el país- al colega Cristian Cambronero, autor del blog Fusil de Chispas, puede decirse sin temor a equivocaciones que desde ya hay un antes y un después de los blogs como forma de expresión en Costa Rica. Es la consolidación de un proceso de madurez y de transformación durante la cual muchos brillaron fugazmente para luego apagarse y otros, sorteando la adversidad, la controversia y en algunos casos los insultos y serruchazos de piso — sine qua non de cualquier emprendimiento en nuestra sociedad—, continuaron apostándole al blog como medio catalizador de un cambio en la forma de ejercer periodismo e influencia mediática en el país.
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Cumbio

Un sentimiento que estoy seguro compartimos muchos de los que ya pasamos hace rato los treinta con respecto al boom de las redes sociales, es que participar en ellas a estas alturas de la vida se siente más como una tarea que como un acto natural y que fuera parte tan intrínseca de nuestra vida como lavarse los dientes. Para nosotros, ya adoptar el e-mail y el mésenyer a nuestro día a día constituyó un paso lento y gigantesco, y siempre nos preguntamos si realmente necesitamos más que eso.

Algunos lo hacemos porque al trabajar entre geeks es inevitable probar, aunque sea a regañadientes, abriendo una cuenta en uno de estos sitios sólo para sentirnos absorbidos por el nivel de interacción y envolvimiento (¿estaré inventando una palabra?) que tales sitios demandan. Otros porque “todos los amigos lo están haciendo” y cumpliendo al pie con la ley de la influencia de las masas y para “no quedarse atrás”, igual se meten, aunque no tengan idea para qué.

En Costa Rica Hi5 sigue siendo el rey de las redes sociales. No es fácil de explicar por qué una red social es más exitosa en un país que en otro, salvo por el hecho de que por casualidad se junte más gente de un país determinado. El caso es que por influencia y un poco de interés en ensanchar mi círculo de amistades locales, igual me terminé haciendo una cuenta allí. Pero a los meses no vi que hubiera mayor beneficio para mí con ello, y la eliminé. Y no solo por eso; con solo ver la clase de personajes que pululan en esa red, una mezcla entre un flashback gacho al patio de recreo del cole —etapa que muchos queremos dar por superada— y pseudomodelajes de jóvenes con seria falta de amor propio y “galanazos” alérgicos a las camisas, con mucho más celeridad caí en la cuenta que eso no era lo mío.

Luego siguió Facebook, donde el diseño al menos logra que las cosas no parezcan salirse de control y donde sí he podido quedarme, pues el sitio tiende a atraer personas de mayor edad y experiencia profesional. Sin embargo, admito que soy incapaz de seguir día a día el movimiento de esa red y mis contactos. Al sólo entrar ahí me invade un sentimiento de exceso de información con el que mi cerebro, que no se formó en los años donde el multitasking y el déficit atencional eran los parámetros de la sociedad, se rebela inútilmente. Y eso que no sigo ni acepto “aplicaciones” con las que mi nivel de atención y sanidad probablemente terminarían estrellándose contra un muro.

Y por otro lado tenemos a los hijos nativos de la era digital, esos que aún estaban ensuciando pañales cuando nosotros ya estábamos quemando los últimos cartuchos de la adolescencia. Por muchos años los expertos de la informática se preguntaron cuál sería la reacción de estos jóvenes, para quienes la PC, el mouse e Internet siempre han existido, con la misma. Para muestra —digo yo— un botón, del diario argentino Clarín:

(En) un debut sexual colgado en YouTube (…) se veía a un chico de 12 años practicándole sexo oral a otro. También en (otro video) se exhibía a una pareja de 15 haciendo lo mismo en el baño de una estación de servicio. Fueron amonestados por su colegio porque tenían el uniforme.

Prosigue la nota con un par de especialistas argumentando que “esto se destaca en los floggers porque su lema es ‘lo mío le pertenece a todos’. Buscan popularidad porque es una forma de conseguir la aceptación entre sus pares que hacen lo mismo” (…) “Es que vivimos en la cultura del ‘todo ya y ahora’ por la inmediatez de las tecnologías”

He ahí, el eterno dilema adolescente de la búsqueda de aceptación y pertenencia, transformado y reempaquetado por las nuevas tecnologías. Pero hay un cambio más allá del medio. Las redes sociales incitan a compartirlo todo, absolutamente todo — incluso, como se ve, las situaciones más íntimas, sin pudores ni recatos. Y siendo los jóvenes criaturas que, desde siempre, primero actúan y luego piensan (no todos, pero sí bastantes), son un target tan moldeable como plastilina y vulnerables a la presión de grupo, y encima viven (qué digo, vivimos) en una sociedad donde el sexo es cosa omnipresente, no preveer situaciones como esta es pecar de ingenuo.

El adulto en nosotros cuando ve eso piensa en las consecuencias de tener semejantes cosas al descubierto en un perfil de red como si nada. Sin embargo también me pongo a pensar: Esa naturalidad con la que entre los jóvenes se comparte ahora todo, ¿no debería redundar a mediano plazo en una sociedad libre de anquilosados tabúes y prejuicios, más sincera y honesta? Porque eso sí sería algo positivo, si algo bueno se puede sacar. Pero viendo los pleitos que pasan una y otra vez entre las “tribus urbanas” por razones sin fundamento —como la nota de donde proviene la foto de este post— esos parecieran ser más bien sueños de opio. ¿Será que Nietzsche nunca dejará de tener razón?

Gruyére.

“Los blogs han pasado de moda”, tal es la lapidaria y fulminante idea que Paul Boutin dispara con su artículo en la revista Wired, donde le brinda los santos óleos al concepto del blog ante la novedad y asalto por knockout al mercado de canales alternativos de expresión en línea como Flickr, Facebook y Twitter.

Resulta cuando menos gracioso leer semejante exabrupto, especialmente cuando se está en un país en donde todo, hasta las tendencias, llega más que tarde, y nos encontramos yendo apenas por la leche (descubriendo los blogs) cuando ya en las tierras del “primer mundo” vienen de vuelta con el queso.

Yo prefiero hacerme eco de lo que dice el veterano Jeff Zeldman: Wired como catalizador del pulso tecnológico en Internet dejó de ser relevante en 1999, y sobre todo —agrego yo— cuando en medio de la histeria colectiva de la primera burbuja puntocom vaticinaba que todos seríamos irremediablemente millonarios.

Sería ingenuo e iluso pensar que en Internet, un medio tan unido a la tecnología que cambia a velocidad de vértigo, las tendencias y medios no cambiaran igual de rápido. Por buena parte de la década del 2000, el blog como medio de expresión se consolidó como la puerta más accesible y democrática para darle la oportunidad a la gente de expresarse y contactarse cuando y como quisiera, y por ende fue “lo nuevo”, “lo revolucionario”, el no va más de Internet.

Pero “lo nuevo”, evidentemente, no puede seguir siéndolo por siempre. Así como el fenómeno de las redes sociales envió al rincón de la historia la “página personal” (de nuevo, Zeldman), bajó aún más la curva de aprendizaje para la publicación de contenidos en Internet (y el nivel de IQ, dirían otros, pero eso ya es parte de otro tema), y muchos descubrieron que realmente no les interesaba tanto convertirse en escritores trasnochados de closet sino simplemente compartir las fotos o videos de la última fiesta o viaje con sus amigos en red. Y son felices así.

¿Pasó el blog de moda?  En absoluto. Simplemente se consolidó como un medio de expresión más para aquellos que tienen urgencias de comunicación que van más allá de 140 caracteres, o son proclives a la opinión y al debate, y tienen amigos que los siguen. Y de esos aún quedamos muchos. ¿Por qué los diarios siguen teniendo secciones de opinión? Porque alguien las lee, aunque algunos crean que no es así.

Como muchos bloggers, también terminé adoptando muy entusiasta el mundo de Twitter. ¿Ha canibalizado este medio a los blogs? Depende de como se vea. En Twitter publico muchas cosas que, en sí, no dan para justificar un post entero, mucho menos de la extensión usual aquí. Para mí, son dos mundos diferentes. Twitter es el ámbito de la inmediatez, de la síntesis, del aquí y el ahora. Para el análisis y el discurso de opinión —siempre necesarios, después de todo— queda este espacio.

Otro de los argumentos de Boutin: Ya todas las oportunidades de hacer dinero y vivir de tu blog han sido tomadas. Si tu apellido no es Calacanis o Scoble, ni te molestes. No te hagas el importante que nadie te va a pelar. No pierdas el tiempo.

¿Hay alguien que haya empezado de forma sincera y auténtica a escribir un blog sin más motivo que el de hacer dinero? Como le comentaba a Mariano hace un tiempo, lo más importante es tener pasión por algo y lo demás viene esencialmente por añadidura. Sólo así es posible tener la motivación para continuar haciendo algo (aunque no haya dinero), y admito que algo de eso es lo que me ha mantenido escribiendo cosas como ésta. El mercado anglosajón de los blogs quizás esté ya saturado, pero no se puede decir lo mismo de nuestros mercados emergentes. Aún hay mucho potencial por explotar, y en nuestro país han comenzado a despuntar ciertas figuras con autoridad en el medio que están consolidándose a pasos agigantados y definirán el rumbo de los blogs criollos por bastantes años.

En suma, lo que algunos llaman “pasar de moda” yo prefiero llamarlo “consolidación y madurez”. Y la verdad, ya era hora.

PS: Mariano también opina sobre el artículo.