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Botella de champán - Pixabay

Nota: Desde el año 2010 al 2012 (con excepción de los años que siguieron, por suspensión de este blog) era costumbre mía publicar un post para despedir el año viejo y celebrar el nuevo. En el 2014 hice lo mismo pero usando Medium. Ahora que he vuelto a recuperar no solo este blog sino muchos otros sitios míos del pasado, en la categoría Año Nuevo podrán ver —para vergüenza mía, obviamente— todos los posts de años pasados. 

Comencemos por algo obvio: los años no existen. No son parte alguna del cosmos ni de la naturaleza, sino de nuestra febril imaginación humana. Igual que el reloj y los calendarios a los cuales obedecemos en esclavitud voluntaria. Y sin embargo queremos creer que con el paso del último microsegundo del año viejo al primer nanosegundo del año nuevo va a pasar algo extraordinario, impactante, que nos va a cambiar automágicamente —para mejor, obvio— nuestras vidas. Y por eso terminamos haciendo ridiculeces como ponerse un calzón amarillo y dar veinte vueltas a la cuadra con una maleta en medio de bombetas, pólvora y vecinos bulliciosos y alcoholizados.

A algunos sin embargo nos ha sucedido que, tras años de circunscribirnos a ese pensamiento mágico y sin lograr los resultados esperados, vamos entendiendo que la cosa para lograr cambiar lo que queremos cambiar no va por el wishful thinking sino por la planificación, ejecución y revisión incesantes, día a día.

Fallar en hacer un plan es planificar para el fracaso.

Personalmente el 2017 me ha sido un año más de trámite y supervivencia que de éxito, aunque —está bien— llegar vivos y con salud, cuando tantos otros con mucho mayor éxito no lo lograron, debería considerarse como tal. Un final agridulce, por la dificultad ya de años en conseguir un trabajo e ingresos estables, pero a la vez con esperanza por haber ido montando los cimientos de emprendimientos y nuevas habilidades personales que, espero, den por fin sus frutos en 2018.

Bullet Journal

En el 2018 estoy prácticamente obligado a resolver mis factores económicos si no quiero comenzar a vender mis pertenencias. He estado barajando posibilidades como abrir un Patreon para recibir contribuciones de amigos y fans de mi arte. También la de tocar puertas en el extranjero con un currículum optimizado a los intereses de industrias creativas, en vez de seguir haciendo algo genérico para todo el mundo. Planes de mercadeo, campañas por email… todo eso lo he barajado por años pero nunca les había dado seguimiento en serio. Precisamente porque —lección del 2017— no tenía un método sistemático, contable y adaptable para darle seguimiento a tantas cosas. Había probado agendas, aplicaciones de celular, etc, solo para dejarlos abandonados a los pocos días.

En eso conocí el Bullet Journal.

Beto Bullet Journal 2018
Mi Bullet Journal del 2018

Fue a través de un vídeo de René Montiel que lo ví y pensé “Esto podría ser para mí”. Desde hace muchos años uso libretas de apuntes tipo Moleskine, me gustan, pero no tenía un sistema de orden. Simplemente apuntaba cosas para luego no acordarme dónde las había anotado. El sistema del Bullet Journal (o bujo, para los fanáticos) me gusta porque puedo hacer algo perfectamente adaptado a mi gusto y necesidades, como de hecho ha sucedido. Un Bullet Journal es valioso en tanto lo usés todos los días para apuntar absolutamente todo lo que te importa, todo lo que quieres lograr, cuándo y cómo, toda idea que te llegue a la cabeza. Una herramienta poderosa para que por fin logrés llevar a cabo todos esos planes que con tanta ilusión te propones cada fin de año pero que nunca logras materializar.

Hay muchos ejemplos de Bullet Journal profusa y femeninamente decorados que son un deleite visual. Si esa hubiera sido mi primera impresión de los BJ seguro me habría cohibido. Mi journal no es nada prolijo, está lleno de tachones y mi horrible letra manuscrita… pero me está funcionando, no es para una galería de arte, es para organizarme y lograr mis tareas del día y las metas del mes, del año… de la vida.

Por si tienen curiosidad, este es el cuaderno que utilizo.

Ser como el agua

Otra cosa que he tenido que aprender en los últimos años ha sido dejar ir las cosas que no puedo controlar, o sea todo lo que trasciende mi alcance y capacidad de acción, que es casi todo. El mundo ha vivido —o más bien sobrevivido— un 2017 post-Trump y post-verdad, estando más cerca de la guerra que de la paz mundial. El 2018 es en Costa Rica un año electoral y las opciones son honestamente a cuál más deprimente y asustadora. No hay este año un líder carismático que recoja las simpatías (aunque luego decepcione). Pero vuelvo a lo mismo: de esas cosas no tengo control alguno, me es mejor concentrar mi tiempo y energía en las cosas donde sí pueda tener algún margen de maniobra. Y para las que no, recordar la lección magistral de Bruce Lee: ser como el agua, que no forcejea con su entorno sino que se adapta. #bewatermyfriend

Colofón

Ya se fue el 2017. Dije al principio que fue un año (más) de trámite y supervivencia, pero creo que más bien ha sido para mí un año de aprendizaje: de dejar por fin atrás ciertas dudas, falsedades, conflictos internos, y abrazar nuevos conocimientos, horizontes, nuevas habilidades, sentar las bases para todo lo que espero llegue por fin en el 2018. Nos vemos, vida y salud mediante, de aquí a un año. Excelsior!

Allá quedó el 2011. Aquí, el 2012.

Con ésta, ya será la tercera (¿y última?) ocasión en que escribo acá un post a manera de resumen del año que acabamos de dejar atrás y plantearme algunos propósitos para el que recién empieza. A menudo digo que estos posts son la razón principal para que este blog siga existiendo, lo cual no es muy exagerado de decir. He de reconocer que como ejercicio anual me ha servido de mucho, sobre todo porque puedo ver -para bien y para mal- cómo va cambiando mi percepción ante la vida y mi lista de prioridades para con ella. Si hay algo que me proponga hacer y lo pongo acá es porque tengo planes muy serios de cumplirlo (aunque algunas veces la vida real se inmiscuye y cambia los planes en el camino).

No creo que haya nada inherentemente mágico o grandioso en hacer planes y promesas para un año que inicia. Pero como unidad de medida de vida, experiencia y logros (o no-logros) pocas cosas son tan efectivas como poder ver atrás y ver cómo vas cambiando.

En fin, sin mucho drama, comencemos con el rito anual del resumen y los propósitos de éste servidor.

Lo planeado, un año después

  • Hace un año dije que no creía posible comprar carro nuevo, por más que lo quisiera. Y en efecto, el antiguo Tercel aún sigue dándome servicio fiel y un poco de pena al parquear en un sitio lleno de megachuzos del año. Sin embargo, en febrero pasado logré efectivamente liberarme de todo tipo de deudas, lo cual me ha hecho posible incrementar mi capacidad de ahorro y aunque de hecho tengo ya suficiente para conseguir un modelo decente y menos viejo al contado, tengo de momento otros intereses más trascendentes y de mayor provecho para mí en los cuales invertir ese dinero.
  • El soltero del 2011 aún teme convertirse en el solterón del 2012. Igual me he ido haciendo de la idea de o bien no es por estos rumbos donde me corresponde encontrar a la persona que complemente mi existencia, o si lo que realmente quiero es ser un espíritu libre y sin ataduras para hacer lo que me hace feliz. He sido siempre muy escéptico del uso de Internet para crear relaciones de pareja, pero después de haber visto muchos casos que me parecen exitosos, quizás debería reconsiderar mi posición. Además, tengo planeado un viaje extendido para el año próximo y ojalá eso se convirtiera en un catalizador para encontrar una nueva relación, o por lo muy menos para tener un rato bonito en compañía.
  • El proyecto con que inicié el año pasado y que venía gestándose desde el trasanterior, Dale Dani, comenzó con buen pie a principio de año y me metió en una suerte de rutina que terminó por consumirme el poco tiempo libre que me quedaba. La página en Facebook se hizo también, pero he llegado apenas a recolectar una décima parte de los fans que me propuse. Procuré publicar una tira nueva cada semana hasta agosto, que fue cuando obtuve un nuevo empleo con circunstancias distintas y eso impactó negativamente en la continuación, además de que no estaba muy conforme con la dirección que estaba tomando el proyecto. Aún tengo deseos de continuar con él, pero aún no sé de qué manera exactamente. Lo que sí puedo decir es que aprendí un par de cosas: Crear y publicar un cómic con regularidad es en verdad un trabajo duro, y mantener ese ritmo de trabajo año con año y sin que caiga en rutina es algo digno de admirar.
  • Me quedarían en teoría un par de años para llegar a la meta de ser empresario independiente a los 40. Por lo pronto, el empleo que hoy día tengo creo que me da lo mejor de ambos mundos. Y mientras tanto, procuro ahorrar lo que pueda.
  • Con el cambio de empleo, también suspendí el gimnasio. No tardé mucho en darme cuenta del error que eso fue, y por eso estoy volviendo a empezar en otro lugar más cerca de casa.

Lo que no se planeó (y sucedió)

  • En junio pasado la compañía para la que trabajaba cerró operaciones repentinamente por insolvencia. Aún hoy se me debe bastante dinero, y sólo diré que estoy procediendo con los aspectos legales de rigor, esperando que esta situación se solucione de alguna manera.
  • Al quedar vacante, me dediqué entonces a realizar de una vez por todas mi muy ecléctico portafolio personal en línea. Tener por fin algo decente con qué mostrar mi trabajo a propios y extraños era un to-do inmenso en la lista al que por fin pude darle check.
  • Finalmente, en agosto obtuve a través de un contacto en la empresa anterior una oportunidad de trabajo con un startup de New York, (por lo que fui dos veces más a esa ciudad en este año) y que —por fin— me permite trabajar en lo mío desde mi casa o desde donde sea. Algo que siempre añoré tener. Nunca me he llevado bien con las políticas estándar de un sistema corporativo que trata a sus empleados como niños de escuela, cuando lo único realmente importante deberían ser los resultados entregados a tiempo. Todo lo demás es secundario o hasta superfluo. Y la verdad sólo Internet podía haber hecho que esto fuera una realidad para mí, sin mencionar la gran mejora financiera que además ha significado.
  • Asistir, en ese segundo viaje, al Comicon de New York, aunque desde enero ya lo tenía en planes. La primera convención de cómics “de las de verdad” a la que he asistido. Es de no creer la cantidad de gente y geeks disfrazados que asisten a estos eventos, donde no ser “normal” es lo normal. Ya veremos si se me presentan este año otras oportunidades de convenciones, por lo pronto tenemos la iniciativa criolla del Boomcon.
  • Además del ya conocido Cvander como referente de nómada digital exitoso, en el 2011 conocí a Ryan Estrada, un caricacturista y novelista gráfico que realiza su trabajo enteramente por Internet mientras recorre el orbe con su novia. En abril pasó por Costa Rica y pude compartir personalmente con él. Sobra decir que estos dos personajes me han motivado tremendamente en mi decisión de querer ver más de este mundo.

Lo que quisiera ver ocurrir

En forma clara, corta y concisa, como quien escribe una lista de deseos:

  • Retomar el hábito del gimnasio (fácil)
  • Aprovechar mis circunstancias actuales para viajar más seguido. El próximo destino que hace días tengo fijo en mi mente es Brasil, para una estadía prolongada. Siempre he admirado a ese país y su cultura y además domino hace años el portugués, que me ha traído una pequeña pero respetable cantidad de amigos cariocas, paulistas y brasilienses que he ido forjando a través de las redes sociales. Con suerte puedo incluso volver a darme la vuelta por Argentina y mi Buenos Aires querido. ¿Hacer una vida completamente nueva, quizás? Cuando lo logre, ahí se darán cuenta. :)
  • Conocer en dichos viajes más contactos a los que pueda llamar sin vacilación ni reparo amigos. De las sorpresas más gratas que recorrer el mundo pueda deparar.
  • Llenarme de experiencias, más que de cosas. Este ha sido una especie de mantra que me he repetido muchas veces últimamente, sobre todo cuando te das cuenta después de cierta edad que el dinero te permite comprar comodidad, lujo y conveniencia, pero no felicidad ni bienestar ni paz interior. No hace falta ser creyente para darse cuenta que los seres humanos no somos sólo lo que proyectamos para afuera, sino que nuestro equilibrio y felicidad comienzan desde muy adentro de nosotros. Sin tener nuestra parte interior sana, somos simplemente un cascarón vacío ambulante que arrastra signos externos a su paso. Si a estas alturas no he seguido el “patrón” que se espera de cualquiera a mi edad  (casarse, tener hijos, deudas impagables, y así) pues no veo cómo eso pueda cambiar de repente para mí. Y aún si pasara, ya no lo afrontaría con la misma actitud ni la (in)madurez de los veinte y tantos sino como corresponde y se espera de alguien que ya ve a distancia clara los ¿temibles? cuarenta. Es como si uno con la edad fuera desengañándose progresivamente de tanta superficialidad, distinguiendo por fin las cosas que creemos que necesitamos que las que realmente necesitamos.
  • Retomar con nuevos bríos el proyecto Dale Dani! y encontrarle un norte que me satisfaga a largo plazo.
  • Que el trabajo que tengo ahora y que me permite toda la libertad que siempre ansié y que nunca antes había podido tener, perdure, tanto en satisfacción personal como en prosperidad.

En un año exacto (y esperando que los profetas cataclísmicos se equivoquen con el fin del mundo) veremos cuánto de ésto se logró. Bienvenidos de nuevo a otro viaje alrededor del sol.

(Foto utilizada bajo licencia Creative Commons)

Para lo que sirve escribir: Chau 2010, hola 2011

Hace un año tuve la idea de publicar un post de propósitos de año nuevo. Y un año después, es interesante ver en retrospectiva todo lo que uno se propuso cumplir (y que, en la mayoría de los casos, no se cumplió o no aconteció exactamente cómo me lo imaginaba). Y la verdad es que es un ejercicio interesante de hacer a cada fin y principio de año. Es un buen hábito, me parece.

Así las cosas, shot de Jaegermeister en mano y escribiendo desde una soleada tarde en mi patio, hagamos un recuento entre lo que me propuse y lo que realmente sucedió.

  • Más que preocuparme menos por escribir, terminé por no escribir del todo salvo las brevísimas incursiones en Twitter y Facebook. He encaminado más mi tiempo y esfuerzo a dibujar de nuevo. Por ahí se ha dicho que las redes sociales mataron a los blogs. Los personales, se entiende, y probablemente eso sea muy cierto. Pero si este espacio no sirviera para otra cosa que para publicar un post como éste cada año, eso para mí es más que suficiente.
  • El 2010 no fue el año del carro nuevo. Ni creo que vaya a serlo éste 2011. Sigo manejando la misma pieza de museo y aunque reconozco los puntos extra que me daría en imagen andar en un modelo menos antediluviano, también éste será para mí en muchos años el primero en estar completamente libre de deudas. Soy totalmente consciente de la oportunidad entre un millón que esto representa. En cuestión de días o a lo sumo un par de meses espero cancelar lo que me queda, y la verdad quisiera pasar un tiempo sin preocupaciones en ese aspecto. Además necesito ahorrar bastante para futuros proyectos de vida.
  • Sigo soltero sin compromiso y a la orden. Pero a diferencia del año pasado, he decidido para éste tomarme el asunto con calma. Sin entrar en detalles innecesarios, hace algunos meses asistí a un seminario terapéutico que me ayudó a poner en perspectiva muchas cosas de la vida y darme la paz mental que tanto necesitaba. Ahora reconozco que las fases de la vida suceden en el momento en que deben de suceder, ni antes ni después, y que estas fases nunca suceden al mismo tiempo para todos.
  • En el 2010 me propuse comenzar a darle un nuevo giro a mi vocación profesional. Deseaba recuperar mi hábito del dibujo y materializar el largamente ansiado proyecto de publicar un cómic de mi autoría. Hoy comencé a dar el primer paso en esa dirección. Me he estado preparando física y mentalmente para obtener la disciplina y orden necesarios para lograr la continuidad y consistencia que este proyecto requiere para ser exitoso. Espero de aquí a un año poder publicar resultados interesantes.
  • En el 2010 sólo pude hacer un viaje al exterior, y fue uno de oportunidad a Nueva York. Las circunstancias no fueron muy favorables el año pasado; estuve en tres trabajos distintos con toda su subsecuente problemática. Quiero seguir viajando en la medida de lo posible, pero en lo que a este año respecta solo vislumbro la posibilidad de asistir a una convención de cómics, ya sea a San Diego en julio o de nuevo a Nueva York en octubre. Lo más probable es que sea Nueva York.

Y ahora, hablemos de éste 2011 que recién inicia.

Dicen los que saben que no planear mucho es de sabios. Pero igual pondré algunas cosas acá que estimo realizables, sin ningún orden particular.

  • Continuar desarrollando mi webcómic, ¡Dale Dani! y llegar a 1000 fans en Facebook para fin de año.
  • Estar atento a oportunidades que me permitan convertir mi pasión en algo financieramente sostenible. Después de todo, parte de mi gran proyecto de vida es llegar a ser empresario independiente para mis 40 años.
  • Seguir extendiendo mi networking con énfasis en las áreas que ahora me interesan, y seguir agradeciendo a los amigos que han estado conmigo a través de los años.
  • Conservar el hábito del ejercicio y el gimnasio que adquirí por impulso hace cuatro años. (Un hábito que a muchos les dura las dos primeras semanas de enero, valga decirlo) :)
  • Seguir ahorrando capital para emprender y no quedarme sin gasolina a medio camino. También que se logre vender un lote en Escazú que fue herencia de mi difunto padre y que me daría un empujón significativo en este aspecto.
  • Seguir aprendiendo más de la vida y el universo y no dejarme llevar por el alboroto de las masas, porque la voz de la sabiduría solamente se puede escuchar en el silencio y la reflexión.
  • Aprender a manejar y asimilar con madurez las circunstancias imprevistas. Siempre he sido muy de planificar todo y reconozco mi debilidad de perderme cuando las cosas no salen exactamente según mis planes. Algo en lo que necesito mejorar.
  • Y sobre todo, compartir y agradecer cada día la presencia de las personas a las que quiero, que me apoyan y a las que llamo mi familia, la propia y la molecular, como diría mi amigo escritor Lucho Cháves. Hoy pueden estar conmigo y mañana no. Nunca podemos saberlo con certeza. Por eso es que cada día debería ser una celebración de estar juntos. De compartir. De sentir. De vivir.

Eso sería. Nos vemos en la próxima vuelta alrededor del sol.