¿Más Biblia, o más valores?

El Diario Extra, adalid de las masas ticas, se deja publicar hoy un editorial que en su caso no es de verdad sorprendente, pero que no por eso deja de ser un poco lamentable.

Dicho esto, a las cosas por su nombre: El país perdió el rumbo (si es que alguna vez realmente lo tuvo) de la estabilidad social hace rato. Nuestra sociedad es hoy día al menos cien veces más desigual que la de hace unos 30 o 40 años. La desigualdad genera pobreza, la pobreza genera resentimiento y el resentimiento genera violencia. Es una cadena de efecto infalible y un ciclo que, de no romperse, seguirá generando cada vez más problemas para todos.

Entonces, como posible paliativo se aplaude la iniciativa de unos cuántos en el Salvador — otro país diezmado por la violencia — de obligar – sí, obligar- a la lectura de la Biblia en las escuelas, y se sugiere entre líneas que acá se haga lo mismo. Es cierto que la doctrina cristiana ciertamente tiene entre sus pilares el respeto a la vida ajena, a hacer el bien y a amar al prójimo, pero esos son realmente valores universales que van más allá de la creencia o no en un dios particular. ¿Acaso otras creencias como el budismo o el protestantismo no predican estos mismos valores?

En un país en donde la diversidad de credos es ya un hecho y cada vez menos gente pensante simpatiza con la idea de perpetuar el estado confesional y más con la creación de un estado laico, forzar acciones de este tipo no sería sólo contraproducente, sino impopular, aún entre la mayoría católica. Sí hace falta reforzar y cultivar eso que llamamos valores, pero no le corresponde sólo al Estado, sino a los padres de familia. Ellos, en los años de formación de los hijos, son la influencia más grande que éstos tienen. ¿Y qué les están enseñando?

Pasando el trapo

Las ganas de expresarse no se mueren, sólo se van de vacaciones por un rato y, tarde o temprano, regresan.

Por eso no recuerdo momento alguno en que haya dicho “cierro esto” porque es inútil. No viene al caso.

Ah por cierto, sin contar el montón de años en que andaba con aquel otro blog, ya acaban de pasar dos años (¡se me había olvidado!) que ando con éste. Nadie compró candelas ni pastel para celebrar. Perdonen la desidia.
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