Gestación

Breve paréntesis en este blog de posts monoparrafales para algo más –digamos– sustancioso. Como una reseña de cine nacional. Del que siempre ha sido escaso y ralito, pero que ahora viene con los tacos de frente y promete.

Gestación. De Esteban Ramírez, un joven lanzado a la quijotada de crear cine en Costa Rica. Tras varios cortos y un largometraje aplaudido pero un tanto pretencioso, Ramírez se volcó a hacer cine en buen tico, con un tema relevante, actual y tratado con una refrescante naturalidad. Se echaba de menos ver y oír el triunvirato del mae, puta y huevón y un San José tal cual, sin maquillaje ni poses afectadas aprobadas por el Instituto de Turismo, en una gigante pantalla de cine.

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Da fe ir a ver cine nacional y ver que por fin se está haciendo cine y no teatro filmado. Y ver a los jóvenes tal como son. Pretendiendo saberlo todo cuando en realidad no se sabe nada (todos hemos pasado por eso, ¿no?) y saberse incapaz de afrontar semejante “torta”, pero que “de algún modo” se resolverá. Con el amor, que todo lo puede. Qué lindo, ya casi lloro.

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Muchos somos los que de día trabajamos en Costa Rica y de noche vivimos en Costa Pobre. Tal como se ve en el film, siempre me ha llamado la atención que un río es lo que básicamente divide la pobreza de la riqueza en la capital. De un lado, el barrio obrero de Pavas; del otro, el Miami wannabe de Escazú. Polos opuestos que igualmente se reflejan en Jessie y Teo, los jóvenes protagonistas.

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Consideré muy bien retratados a Jessie y a Teo. Ella, con la madurez incipiente pero madurez al fin de su condición de mujer, y él, como estábamos muchos a esa edad, en otro planeta y siendo aún niños atrapados en cuerpos de hombres. Si algo me enseñó la película es que, a pesar de que a veces lamento no haber sido tan fogoso y jugado en mi adolescencia, no creo que quisiera volver a tener 17 años.

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No sabía que el Colegio Superior de Señoritas era un ídem de monjas. Pero es un safis que se tolera. Uno que no, el de una breve toma de La Nación con un titular evidentemente recortado y pegado a la carrera. Algunos sí nos fijamos en esas cosas.

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Concuerdo: Alba, la compinche de Jessie, es la que se roba el show en la película. Ver para creer. Le auguro un brillante futuro como actriz de seguir así.

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Si bien el filme tiene un porte profesional y se disfruta de principio a fin, hay partes en donde se hace un picadillo incomprensible de escenas. Mejor hubieran sido menos tomas pero más desarrollo en cada una de ellas.

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Veredicto final: Si pueden verla, véanla. Y si quieren leer críticas de verdad en vez de estas improvisaciones verborreicas, les refiero a las de Cristian en su Fusil y las de Víctor Fernández en Vuelta en U. Chan chan.