La era de Luis Guillermo Solís (II)

Bandera de Costa Rica

El post anterior surgido al calor de la victoria presidencial de la figura inesperada de Luis Guillermo Solís definía cómo me sentía al respecto en este momento. Hoy, ya a las puertas de que inicie formalmente su mandato, quería dejar registro del país que tenemos actualmente y ver si, a la vuelta de los próximos cuatro años, tendremos a cambio un país al menos ligeramente distinto. Los 1.300.000 votantes que pusieron a Solís en la silla de Zapote no esperan menos.

La administración saliente nos deja un país cascarón; que por fuera parece brillar para turistas e inversionistas (bueno, ya no tanto) pero por dentro está innegablemente podrido en lo político. La confianza y prosperidad del Estado ha sido ultrajada, abusada y violada sistemáticamente a lo largo de tres décadas por impresentables bipartidistas de traje, corbata y apellidos rimbombantes que se les olvidó que llegaron a servir y terminaron en vez sirviéndose con cuchara grande. Sí, han habido grandes aperturas comerciales, más flujo de capital comparado con lo que teníamos en la década de 1980. Con eso, deberíamos estar mejor — pero no lo estamos. Se han privatizado las ganancias y socializado las pérdidas.

Los zapatos presidenciales siempre le quedaron muy grandes a doña Laura Chinchilla. Gobiernos inclinados definitiva y descaradamente a proteger los intereses del gran capital más que al pueblo que los eligió y al que se debían. Tenemos una red vial colapsada y avergonzante, mal remendada a punta de puentes Bailey, sólo apta para suicidas; así como un sistema estatal en un todo dominado por la corrupción, la burocracia sin sentido y la imposibilidad institucionalizada, cosas que le hacen dudar a cualquiera de impulsar un emprendimiento serio en el país sin el temor de perder hacha, calabaza y miel. Un país que nadie sabe para dónde va… que no sea como el tango gardeliano, cuesta abajo.

Esto no podía —no puede— seguir así. Somos muchos quienes desde hace mucho tiempo atrás nos hemos hartado de la mediocridad  como estandarte nacional, del nadadito de perro, de la máquina de impedir en que se ha convertido el Estado costarricense.

Hay que reconocer que el gobierno de Luis Guillermo tiene la voluntad, y a la vez la obligación, de aplicar el freno de mano a todo este desmadre y a la mayor brevedad posible. Hemos aprendido que los grandes atestados académicos no garantizan la idoneidad de una persona en un cargo público — ahí tenemos de muestra la larga lista de ladronazos con títulos de universidades gringas y europeas que han pasado por el Gobierno en los últimos veinte, treinta años—. Ahora como nunca antes preferimos la honradez real a la de pose, el hacer al hablar,  lo bueno a lo perfecto. Sin embargo, don Luis no la va a tener fácil. Muchos de los beneficiados del antiguo esquema bipartidista, dueños del gran capital y de buena parte de los medios de producción, ciegos en su egoísmo individualista, harán lo imposible por entrabar las cosas defendiendo sus intereses privados. Y en esto, creo, valdrá oro ese espíritu conciliante, ecuánime y negociador que hasta ahora ha caracterizado al ex profesor de la UCR. Después de todo, una máxima tica no escrita es aquella de que hablando se entiende la gente. 

Una crónica del diario El País —excelente, por lo demás— nos etiqueta como un país “raro” por preferir los pájaros a los soldados. Pero a la vez esa “rareza” es lo que nos ha caracterizado y moldeado (para bien y mal a la vez) nuestro carácter país tan sui géneris. No somos de cambios radicales, ni de buscar conflictos con otros vecinos. Pero a la vez, creo yo, esa misma filosofía de vida resumida brillantemente en el pura vida también se ha prestado para que oportunistas y vivazos de aquí y de más allá vengan a hacer de las suyas, sabiendo que poco —si acaso— les va a suceder como consecuencia. Dice mi mamá, citando supuestamente a la Biblia: “Dios nos quiere mansos como palomas pero a la vez astutos como serpientes”. Como que va siendo hora y momento histórico de dejar de ser tan palomitas, por nuestro propio bien.

Es probable que en los muy anticipados “primeros 1oo días de gobierno” ninguna administración va a ser tan escrutinada, juzgada, analizada, y criticada en la historia del país como va a ser la del presidente entrante. El listón de las expectativas ha sido colgado muy alto y eso va a pesar bastante. Sin embargo don Luis Guillermo —quien ha descartado desde ya postularse para una reelección— ya ha dicho que no viene a hacer milagros, sino a enderezar el timón y a “limpiar la casa” para que las próximas administraciones, ojalá, prosigan con la labor de devolver al país a los índices de prosperidad y progreso que lo caracterizaron en el pasado. Ya solo con eso el país tendría mucho ganado.

Muchos podremos discrepar de cómo se logre esto, pero al punto en que estamos, lo importante es ver ya algo moverse, organizarse, progresar, surgir. Han sido demasiados años de impedimento y ataduras. Ya nos merecemos algo mejor.

 Fuente de foto: Foro de Costa Rica