La era de Luis Guillermo Solís

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Después de un larguísimo proceso electoral que incluyó segunda ronda, el próximo domingo 6 de abril se confirmará lo que ya se veía venir desde al menos un par de meses y más aún desde que su rival tiró públicamente la toalla: El catedrático Luis Guillermo Solís, candidato del PAC, se hará por evidente mayoría con la Presidencia de la República.

Pensar en otra posibilidad, siquiera remota, es desconocer la realidad de los hechos. La paciencia de los ticos con el bipartidismo y el anquilosamiento del poder de un ya de por sí impopular y autodesprestigiado PLN terminó —por fin— de derramar el vaso, y el pueblo les va a pasar la factura. Como persona, yo veo en don Luis Guillermo un candidato muy sui géneris a la usanza y gusto del costarricense: Conciliador, carismático, sin tendencias radicales, sin oratoria incendiaria sino más bien académica y reposada, y sobre todo una persona natural y accesible, sin poses clasistas ni estiramientos afectados. Tiene las cualidades para ser un estadista al estilo de José Figueres y muchos ven en él por esa misma razón la personificación de una nueva Edad de Oro costarricense, aludiendo a los “años buenos” entre las décadas de 1950 y 1970, cuando el país tenía indicadores económicos y sociales bastante estables y además fue la época dorada del Estado Benefactor y centralista, ideal que seguirá en pie bajo el mandato del partido próximamente gobernante a pesar del contexto globalizado en que hoy vivimos.

Hasta ahí, digamos, todo bien con Luis Guillermo. Sin embargo, para algunos nos es preocupante que un candidato que ha hecho de la conciliación y el diálogo su estandarte y carta de presentación no haya sido muy capaz de utilizar estas herramientas dentro de su propio partido. Pongo por caso lo que acontece con el infaltable líder, fundador y caudillo del PAC, Ottón Solís. Mientras Luis Guillermo y su equipo buscan negociar diferencias con tirios y troyanos en temas tan espinosos como el del empleo, las zonas francas y el plan fiscal, el fundador del partido y —agregan los más cínicos— el poder detrás de la silla presidencial, declara a los cuatro vientos una opinión distinta del asunto poniendo al candidato presidencial a correr, apagar incendios y desfacer el entuerto. Y si éste es un síntoma de cómo van a ser las cosas a lo interno del PAC durante los próximos cuatro años, ofreciendo señales ambiguas y con opiniones contradictorias entre los mismos líderes, va a ser muy difícil pretender que en esa disfonía de criterios pueda darse el cambio real que tanto esperan los ciudadanos.

También conviene ser realista; he visto muchas manifestaciones de mascaradas, desfiles con perritos y demás demostraciones corrongas que le encantan a la gente y que sin duda han logrado crear una empatía sin igual con don Luis Guillermo. Sin embargo, arreglar la problemática nacional que se ha ido acumulando durante las últimas tres décadas no se resuelve con payasos ni mascaradas ni buenas intenciones. Es más, cuatro años no van a dar para hacer el Gran Milagro que esperan muchos compatriotas y me temo por eso mismo que no pocos terminen decepcionados ante el divorcio de las expectativas versus la realidad posible (no somos un caso único; algo similar ocurrió con el gane de Barack Obama en EEUU en el 2009). Costa Rica es como una lancha en alta mar que se ha ido llenado de huecos en el casco y, para no hundirse, se ha visto forzada a achicar el agua con una sola y mísera taza de café. Tal es el volumen de la complejidad que se le viene al gobierno entrante.

Sin embargo, si no alcanzara el período presidencial de don Luis más que para “limpiar  la casa”, devolver la decencia a la política nacional y trazar el camino para las decisiones correctas que necesitamos tomar, sería aún así un cuatrenio infinitamente más provechoso y beneficioso para el país que las tres últimas décadas de administraciones anteriores. Aunque cómo lograr todo esto sin tocar un pelo de un Estado elefantiásico y grandemente ocioso, con privilegios e ingresos extremamente dispares en comparación con el sector privado que sostiene la economía nacional, es un enigma que no soy capaz de procesar ni razonar. Ni tampoco puede hacerlo el analista liberal JC Hidalgo, quien igual escribe sobre esta inquietud con más respaldo y sesudez de lo que yo podría hacerlo jamás.

Igual, ya a estas alturas donde todo en mi opinión ya está decidido, honestamente le deseo lo mejor a don Luis Guillermo y su equipo, y que las interrogantes que he escrito en este post y que no son solo mías sino también de muchos otros se vayan aclarando con el tiempo, ojalá a la mayor brevedad. Costa Rica, a pesar casi que de sí misma, sigue siendo un país único y maravilloso, y de lo que ocurra en este próximo gobierno que inicia depende que siga siendo así.

Foto: Gesline Arango / nacion.com