¿Sigue siendo el mercado profesional relevante para Apple?

Apple Logo

Escribo este post desde la misma Macbook Pro con que trabajo desde hace ocho meses y donde además de vez en cuando ejerzo mi afición como caricacturista. Además de ser graduado de Artes Gráficas de la UCR, cumplo al pie de la letra con el estereotipo del oficio al ser usuario contínuo de Apple y las diversas encarnaciones del Mac OS desde 1998. Hagamos números: 15 años contínuos.

Sin embargo, recuerdo perfectamente que la primera computadora que compré con mi dinero no fue una Mac. Fue una PC. Lo que llamaríamos un clon, armado a partir de un montón de piezas por una tienda local. El precio y el software eran consideraciones importantes. Sin embargo, dicha PC desde el primer día fue un ejercicio en frustraciones. Recuerdo que cuando no se me tostaba la tarjeta madre, la unidad de CD era la que pataleaba, o el RAM, y todo así por el estilo. Esas primeras malas experiencias generan traumas imborrables. Después de meses de pelear inútilmente con el aparato, me dí por vencido, vendí las piezas a mi empleador de la época, ahorré un poco y, decidido, compré mi primera Apple: una Power Macintosh G3. Desde el primer momento, tuve una experiencia diametralmente opuesta a la anterior con la PC. Simplemente, todo funcionaba. Atracción, satisfacción y felicidad al primer clic.

Consideremos además la época: en el gremio de diseñadores gráficos, la primera (y única) opción aceptable en el trabajo y estudio de la carrera era una Mac. Apple fue la primera en ofrecer una solución informática amigable e intuitiva a gente no-geek, y eso bastó para ser adoptada por el gremio de los artistas y diseñadores por el orbe como el estándar computacional y creativo. Agencias de publicidad, diarios e imprentas se estandarizaron alrededor de la manzanita informática, a pesar de su siempre elevado precio en comparación con las PCs, lo cual —aún hoy— se ha percibido como algo elitista.

De hecho le tomó bastantes años a Microsoft y su sistema operativo Windows ofrecer una alternativa comparable en prestaciones a Apple, aunque aún sin la gracia ni esos detalles del hardware del susodicho que sólo un diseñador podría apreciar. La presencia, elegancia y prestancia de una Macbook Pro pone a cualquier laptop de Windows a años luz de distancia.

Sin embargo…

El tiempo pasa y Apple misma ha creado productos que han cambiado radicalmente su fuente de ingresos a tal punto de convertirla en la empresa más valiosa de la historia. Comenzó en el 2001 transformando para siempre el mercado y difusión de la música digital con el iPod, pasando años después a hacer lo mismo en el campo telefónico con el iPhone y cambiando el paradigma de la computación portátil con el iPad. Apple además creó tiendas online de software , música y películas para estos aparatos en las que se queda con un significativo porcentaje de las ventas, y a pesar de eso ningún creador de contenido quiere pasar de largo a este mercado cautivo. Si antes la imagen de Apple era de culto y fashion para un nicho profesional, ahora terminó siéndolo para el resto de los mortales.

El primer comercial de iPod. No imaginábamos lo que se nos venía.

Y en medio de todo esto, ¿a dónde quedó para Apple el mercado profesional? Los iDevices hoy día conforman, en bruto, casi el 90% de las ganancias de Apple. Es obvio esperar como en cualquier empresa que se enfocarán a donde esté el dinero. El mercado “profesional” (o sea, quienes compramos laptops, iMacs, Mac Pros y hasta Mac Minis) somos apenas un mísero 10% del mercado actual de la compañía de Cupertino. El cambio de enfoque ya se ha percibido en el sector profesional que ha esperado por años, quizás en vano, una nueva versión de la Mac Pro, hoy día el único modelo desktop de Apple. Algunos (como yo) han pasado a utilizar exclusivamente laptops, mientras que otros, tomados a la vez por la impaciencia y la urgencia, han quemado las naves y cambiado sus Macs por PCs Windows armadas a la medida. Si Apple aún sigue siendo mayoría en el gremio creativo, lo es hoy día mayormente por tradición y estandarización.

Incluso los sistemas operativos de Apple, OS X e iOS, que fueron revolucionarios y rompedores en su debut, se están quedando un tanto (¿o bastante?) rezagados en comparación con la interfaz Metro de Windows 8, que deja atrás todo convencionalismo para enfocarse en una experiencia optimizada para un mundo dominado por tablets que es lo que se nos viene, a pesar de la esperable oposición al cambio por parte de muchos usuarios de viejo cuño y de estar viviendo un período de transición entre el paradigma del mouse y el mundo touch. Apple, mientras tanto, pareciera estar pasando por una especie de inercia en piloto automático desde el fallecimiento de su fundador, líder y guía Steve Jobs, con innovaciones más bien tímidas y hechas más para mantener las ventas que para innovar.

Incluso ya a un nivel más interesante a nivel personal, he estado debatiendo la compra de una tableta Cintiq 13HD, para por fin poder dibujar de forma natural y profesional directamente en una computadora. Sin embargo, lo que muchos artistas realmente hemos estado esperando es una solución completamente portátil e independiente, como el iPad, pero con la precisión y sensibilidad de una tableta Wacom, y ni hablar de usar el software profesional al que estamos acostumbrados (Photoshop y otros). La realidad: Para quienes nos hemos acostumbrado a Apple, es prácticamente imposible esperar algo así. El iPad es un artefacto de consumo masivo y no está pensado para un mercado “profesional”, menos uno tan de nicho como diseñadores, caricacturistas e ilustradores, y Apple jamás autorizará el uso de su sistema operativo en hardware de terceros — algo que nunca ha sido una restricción con Windows. De hecho, una crónica sobre el uso de la tablet Surface Pro de Microsoft para dibujar por Mike Krahulik —caricacturista del muy popular webcomic Penny Arcade— me ha dejado con mucha inquietud y me pregunto si no debería tomarlo como una señal premonitoria.

No pienso de momento dejar de golpe tantos años de experiencia e inversión en el mundo Apple; espero seguir sacándole provecho a esta Macbook Pro hasta que se rompa, se funda o se nos venga un ataque termonuclear. Pero después, ¿qué seguirá?