Cómo se vio “El Fin”

Otra costumbre que pareciera estar tomando fuerza en este blog (además de excusa perfecta para resucitarlo de tiempo en tiempo) es la de dedicar un post de reseña a películas de índole nacional. Lo hice en su momento con Gestación, de Esteban Ramirez y con El Regreso, de Hernán Jiménez. Preservando ésta continuidad, ahora el turno le toca a El Fin, de Miguel Gómez.

Antes de entrar en materia, una anécdota: A Miguel lo conocí a finales del 2007 en Los Angeles, California, donde coincidimos yo por razones de trabajo, y él por estar allí estudiando cine. En ese entonces estaba trabajando en los detalles de lo que sería su primer largometraje, El Cielo Rojo, que fue recibido positivamente como ópera prima. Como la vida es a veces irónica, no fui al cine a ver ésta película ni la que le siguió, El Sanatorio, así que era hora de corregir esta deuda y ver con carácter analítico ésta última película suya.

En lo que conversamos aquella noche al pie de las cuatro glorificadas cuadras que la gente llama Hollywood, me dí cuenta que Miguel, a diferencia de otros realizadores fílmicos nacionales, le apuesta más a la irreverencia, al humor mórbido y a una actitud punk en sus películas, estilísticamente más cerca de Tarantino que de Coppola, por ponerlo de algún modo. Y eso se nota por todas partes en El Fin. La película, a modo de una road movie, nos muestra a dos muchachos que, ante el evidente caos y señales que se ven por todas partes y que anuncian el fin del mundo para ese día, deciden dejarlo todo y darse el último viaje a donde han sido felices —en este caso, a Playa Sámara, Guanacaste— para recibir allí el atardecer del desenlace. Sin embargo, en el camino enfrentan multitud de situaciones a tono con lo bizarro de vivir el último día en la Tierra, como la de rejuntar a regañadientes al papá de uno de ellos, visitar al amor platónico del otro, rescatar una muchacha embarazada de su novio en la calle y terminar de rehenes en un penal, entre otras. ¿Podrán, con todo eso, llegar a cumplir su meta?

Desde el principio queda evidente que estamos ante una comedia que intenta tener tintes dramáticos, pero que al final nos deja la impresión de un rejuntado atropellado de un millón de cosas dispares que fallan en la unión por continuidad. Y esto es una falla recurrente en lo que llevamos de cine nacional reciente. Se quiere incluir la Biblia entera, del Génesis al Apocalipsis y con bonus tracks si se puede, en un espacio de 90 minutos o casi 2 horas y al final no sabe uno si quedamos en el Antiguo Testamento, en el Nuevo o en medio de ambos, máxime cuando se salta en el tiempo para atrás y adelante con frecuencia maniática intentando dar explicaciones que no se necesitan y, en contraste, con períodos de emoción similar a ver la pintura de una pared secarse.

El evidente desencaje del guión queda redimido en parte por la actitud y puesta en escena de Kurt Dyer, viejo conocido en ciertos círculos nacionales por su predisposición a la humorada y la irreverencia, y por Alvaro Marenco en el papel del terco y viejo semental-padre de éste, pero no es suficiente para mantener a flote el barco que hace aguas a vista y paciencia de todos. Aún estoy tratando de entender qué se supone que simboliza, por ejemplo, el asteroide volador que aparece dos veces en escena como elemento principal, efecto para mí además totalmente chafa y superfluo, la verdad.

Realmente no esperaba pronunciarme en forma tan crítica sobre esta película porque debo admitir que hubo más de un momento donde me reí bastante, pero una película ideal no se crea de unos cuántos momentos desconectados y distantes, sino de un tema principal y varios subtemas que se desarrollan y se complementan entre sí al unísono. Estoy seguro que una crítica así le es más útil al director que un apoyo ciego al cine nacional sólo por el hecho de serlo. No podemos madurar culturalmente como sociedad si nos quedamos en un nivel adolescente de complacencia y aplauso fácil. Además, ya que nos ha quedado clara la línea de cine que busca crear Miguel Gómez, es de esperar que siga buscando en su trayectoria fílmica maneras más depuradas y pulidas de contar las historias que nos quiere contar.