Bajo la lluvia Dios no existe: Una crónica literaria

De una vez lo digo: No soy ni de lejos alguien que pueda presumir de literato. Mi consumo de lectura en los últimos tiempos ha sido, tras de escaso, utilitario. Títulos para emprendedores, Seth Godin y cosas así. He intentado leer algunos de esos libros que se supone son del gusto de  todo apreciador culto de las letras, solo para dejarlos inconclusos a las diez páginas. Y tampoco tengo tolerancia para las obras que presumen de cierto status intelectual que te hacen sentir que para entenderlas debes de llevar primero un curso universitario. En fin, que lo más probable es que sea la persona menos indicada para criticar o dar criterios sobre un libro.

Pero el caso es que a Warren Ulloa, autor de la recientemente publicada novela Bajo la lluvia Dios no existe, lo conozco ya de rato por las redes sociales, y resulta que hasta casi vecinos somos. Y después de leer algunas críticas de preámbulo pues digamos que me intrigó saber más sobre la obra, y algo de crédito tiene en eso el título, tan poético y provocador a la vez en una sociedad donde confesarse agnóstico o ateo sigue siendo un gran tabú. El caso es que fui entonces a la presentación de la misma y conseguí mi ejemplar.

Bajo la lluvia es una historia contada desde el punto de vista de Bernal, un jovencito colegial  —por más señas— de clase media alta, y escrita tal y como uno se imaginaría escribir a un adolescente; de manera informal, despreocupada y utilizando jerga autóctona, urbana y vulgar por doquier, lo que probablemente complica enormemente la comprensión del texto fuera de nuestras fronteras (pero quizás Warren no aspira a tanto). El caso es que en la vida de Bernal se atraviesa Mabe, otra adolescente con una personalidad poderosa, sensual y peligrosa a la vez, la cual lleva a Bernal consigo en una espiral ¿descendente? hacia un submundo de drogas, sexo, poesía atormentada y almíbares etílicos que fluyen como maná en las fiestas clandestinas de los beautiful kids de nuestra sociedad. Así van desfilando por las páginas del libro personajes tan singulares como Ratatás, arquetipo del típico mafufo desgarbado buscando hacer negocios con hongos y drogas más duras, o Agustín, la todopoderosa figura paterna detrás de Mabe que detrás de su imagen de pez gordo del gobierno esconde un historial nefasto de abuso sexual con su hija, o doña Ofelia, la madre divorciada de Mabe que se refugia en el new age como escudo para capearse la tormenta que rodea a su hija.

Intentando resumir la naturaleza de los personajes, asistimos a un caleidoscopio de personajes y familias total o parcialmente disfuncionales. Que —supongo yo— busca ser un espejo de las que hoy abundan en nuestro país. De hecho al leer el libro una parte de mí quiere creer que no puede ser posible que personajes jóvenes y familias con vidas tan desordenadas, tan convulsas, tan hechas mierda pudieran ser así de reales y así de presentes en nuestra sociedad , pero otra parte de mí termina aceptando, ante las evidencias que constantemente nos llegan, que sí, que vaya a saber uno cuántos Bernales y cuántas María Belenes hay ahí afuera. Lo digo haciendo rewind a mi propia adolescencia, que ni de lejos fue así de intensa o desordenada (gracias a mis papás, tengo que decirlo) y quizás por eso me cuesta creer lo que leo. De hecho ni entonces ni ahora tengo altibajos crónicos que mencionar. No tengo materia prima para ser escritor artístico.

Para quien no se espere encontrar un libro hablando en términos de huevóncarepicha y malparido casi cada dos por tres, la lectura puede resultar difícil y poco grata. Es cierto, la novela no aspira ni de lejos a ser un dechado de decencia del castellano, pero quien se sienta atraído por un relato en crudo, sin filtros ni maquillaje y contado en jerga de adolescente tico, con referencias a lugares conocidos para cualquier habitante del Valle Central, puede encontrar la lectura interesante. Antes de leer el libro de Warren yo me esperaba algo parecido a las temáticas que explota Jaime Bayly en sus novelas: La mojigatería hipócrita y la descomposición social detrás de las opulentas fachadas de la burguesía limeña. Sin embargo, Bayly recurre mucho a la figura del diálogo, mientras que Warren le apuesta a la narración en primera persona, casi sin diálogos. Personalmente creo que Bajo la lluvia se hubiera beneficiado de emplear más diálogo y menos monólogo en su construcción, pero esas son en último término decisiones que toma cada autor respecto a su obra.

A manera de conclusión:  Bajo la lluvia tiene como punto más fuerte la definición y crudeza de sus personajes y el poner en denuncia la doble moral de nuestra beautiful people. Por otro lado uno se pregunta si es apropiado llamar novela a algo que se lee como un prolongado y mal hablado monólogo adolescente… pero esas deben ser nuestras preconcepciones de literatura haciéndonos pleito en la cabeza. Warren no busca el intelectualismo de un Borges (ni creo que aspire a eso) y la lectura entretiene, amarra, tiene momentos de drama y humor y es algo con lo que cualquier tico joven de corazón se puede identificar. Pedirle más a un libro que no aspira a mayores pretensiones sería pecar de exceso. Y de fijo tenemos aún mucho más que esperar de Warren Ulloa.

 

 

 

 

2 thoughts on “Bajo la lluvia Dios no existe: Una crónica literaria

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