El verdadero tesoro de Japón

Bomberito nipón :)

 

Poco, quizás, se puede decir ya del catastrófico y terrible terremoto en Japón del viernes pasado que no se sepa por otros medios. Se habla de pérdidas potenciales de al menos diez mil vidas humanas y de cincuenta mil millones de dólares en lo material. Un desastre de marca mayor, del que le tomará a Japón años o quizás décadas en recuperarse,  y que tendrá repercusiones en el resto del mundo sin duda alguna. Sin embargo, nunca antes fue tan evidente para el resto del mundo un rasgo muy particular de esta sociedad tan distinta a las nuestras desde siempre.

Contrario a lo que cabría esperar en un desastre de este tipo, las escenas de histeria colectiva, violencia, saqueos y caos, aún en las áreas más afectadas, han brillado por su ausencia. Predeciblemente, se agotaron las existencias de comida en los supermercados, hubo largas colas para los teléfonos públicos y gasolineras, y decenas de miles lo han perdido absolutamente todo; casas, familia…. Pero aún así,  se ha impuesto una sensación de llevar las cosas en orden y una calma general ante la situación por parte de la población que ha sorprendido al mundo. El analista político de CNN Jack Cafferty va directo al grano y pregunta: ¿Por qué no hay saqueos en Japón?

La respuesta hay que buscarla desde el origen mismo de Japón como sociedad, miles de años atrás, en la instauración del Bushido o código de honor de los samurai. El Bushido (literalmente, el “camino del guerrero”) exige apego, lealtad y honor de por vida, y deshonrarlo o apartarse de él debía ser pagado con la autoexterminación o sea el seppuku (de ahí la frase muy literal entre los samurai, “la muerte antes que la deshonra”). El Bushido toma como referencia las corrientes del Taoísmo, Budismo,  el Confucianismo, la práctica del Zen y el Shintoismo – en suma, el núcleo entero del sistema social y moral japonés. Con el tiempo, el Bushido fue adaptándose del concepto de los samurais de antaño a las condiciones de la sociedad moderna, pero sin apartarse jamás de su valor principal basado en el honor, la dignidad y el respeto al prójimo.

Esto a la vez confluye  en un aprecio y estima por la sociedad como un todo. Mientras en Occidente vivimos dominados por el individualismo egoísta, donde el propósito de la vida es el de ser el número uno, el mejor, el ganador, el primer lugar, así sea pasando por encima de todos los demás y a cualquier precio, en Japón se impone el bienestar colectivo antes que el individual en todo momento, lo cual nos remite inevitablemente a la idea del socialismo. Sin embargo, entre el socialismo occidental y la sociedad japonesa hay una diferencia muy fundamental; en los países occidentales que apostaron al socialismo, éste se pretendió imponer de afuera hacia adentro, con su consecuente fracaso en la mayoría de los casos. En el socialismo, el bien común siempre se manejó como un agregado impuesto por un sistema de cosas externo, en vez de convertirse en parte del núcleo central de valores de vida y sociedad en perfecta armonía, como lo es en el caso japonés.

Y es por este núcleo de valores, tan antiguo como la sociedad japonesa misma, que la delincuencia en sus ciudades prácticamente no existe y que se puedan ver cosas como los Mujinhanbai, tiendas callejeras sin vigilancia donde te sirves lo que haya y dejas el dinero correspondiente en un bote, pasando por librerías con un concepto similar, innumerables relatos de gente que ha perdido sus carteras y documentos personales en Tokio para después recuperarlos absolutamente intactos, y poder caminar por las calles a cualquier hora sin temor de que te hagan daño por las pertenencias que llevas. Todas estas, cosas con las que nosotros si acaso podremos soñar. Y ahí es donde uno se pregunta, con toda razón: Eso que llamamos “libertad individual y absoluta” en nombre de la suprema exaltación del ego (primero yo, segundo yo y si algo queda yo también) y que hemos puesto tan en alto como la mayor de las virtudes, ¿a qué nos ha realmente conducido? ¿Es que es acaso realista pensar que nuestras sociedades colectivas pueden funcionar y sostenerse basadas en un individualismo absoluto, enfermizo y egoísta?

También hay que decirlo: ¿Son acaso los japoneses una sociedad perfecta? No, en absoluto. El aparatoso incidente de la planta nuclear de Fukushima ha puesto entre la espada y la pared al Gobierno japonés, y hay muchas sospechas de que éste está escondiendo más de lo que muestra en este caso de altísima gravedad, y es además sabido que hay aspectos en lo que los japoneses son una sociedad altamente reprimida. Pero así, puestos a escoger, de los males el menor… bastante lección para nosotros son ya las escenas de estoicismo, orden y honradez de los ciudadanos comunes del país nipón que estamos viendo a través de las noticias, y mal no nos vendría comenzar, así nos tome cientos de años, a comenzar a adoptar estos valores como el norte y núcleo de nuestra vida más que como una “bonita idea” o una imposición social externa. Quizás hasta nuestro subdesarrollo, pobreza y desigualdad social llegarían así a ser por fin una cosa del pasado.  ¿No les parece?

Fotografía por Tanakawho en Flickr, bajo licencia Creative Commons.

3 thoughts on “El verdadero tesoro de Japón

  1. Jose says:

    Buen post Beto; lo mas dificil es poder entender porque ellos si y nosotros no; yo pase un buen rato explicandole a mi hija el porque del orden y los no saqueos despues del terremoto.

  2. Masako Yagi says:

    Hola. Soy amiga de Nelson Arguedas, y me encuentro con tu blog. MARAVILLOSO!! Me encanta tu estilo de escritura y análisis. En cuanto a este articulo, realmente no hay nada de lo que pueda contradecirte, sino quizás compartir contigo mis puntos de vista japonés y occidental. (ya que soy costarricense también) En un futuro muy próximo pienso escribir sobre la sociedad japonesa y sus valores. Hasta entonces seguiré disfrutando de tu blog. Muchas gracias por compartir tu talento.

    Masako Yagi. Kyoto Japon

  3. Hola Masako, gracias por tu comentario. Aún después de lo ocurrido tengo ganas de conocer Japón en persona, espero que más pronto que tarde. Excelente que Nelson te haya pasado mi página para que compartieras tus impresiones. De nuevo, muchas gracias.

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