Colbert.

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Maravilloso descubrimiento cortesía de nuestro colega Luna en sus recientes aventuras por México: Gregory Colbert, fotógrafo canadiense nacido en 1960. En 1992 decidió literalmente “dejar todo atrás” y por diez años anduvo errante por gran parte de Africa y Asia fotografiando animales en entornos que podrían calificarse de surrealistas, incorporando personas -generalmente niños- creando composiciones que evocan un sentimiento de armonía, paz y convivencia con nuestro mundo y sus habitantes que tanta falta nos hace en estos tiempos. El resultado: Ashes and Snow, una exposición itinerante de muy gran formato inaugurada en el 2002 en Italia y que desde entonces circula por el mundo sin un destino final determinado.

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Además de las fotografías, Ashes And Snow comprende un film documental y una novela armada en cartas de puño y letra del autor. Según el sitio del autor, grandes dosis de paciencia han sido necesarias para armar cada composición, y ninguna de las obras ha sido retocada digitalmente.

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Si -casi que a pesar de nosotros mismos – ya hemos podido contar en nuestro país con vacas pintadas en las calles y una exposición de grabados de Rembrandt que ha atraído más personas que una estrella de rock, cabe la esperanza de que eventualmente podamos recibir esta exhibición en nuestro país. Ojalá, pronto.

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Eject.

En estos días me han estado viniendo a la mente dos personalidades artísticas que vieron la luz en suelo nacional y a quienes con el tiempo la Tiquicia les quedó más pequeña de lo que realmente es y emprendieron el exilio para siempre en busca de ambientes más favorables y menos hostiles para con sus aspiraciones: La escritora rebelde Yolanda Oreamuno y el artista plástico Paco Zúñiga.

Viendo paralelismos entre los acontecimientos en sus épocas y la realidad actual, llega uno a la conclusión de que Costa Rica es como una larga obra de teatro, donde en cada acto se cambian periódicamente los actores y parte del decorado, pero por nada del mundo se cambia el guión.

Lojack.

Enrique Dans se hace eco de una noticia en ese diario medio-en-broma-medio-en-serio que es The Register, acerca de un servicio que la Honda de Japón le ofrece a sus clientes premium: Mediante GPS, se le notifica al conductor si está en las proximidades de un barrio “peligroso” o si por el contrario puede pasar tranquilo y sin problemas.

Ya me imagino la situación que se daría si esta funcionalidad pudiera darse algún día en el futuro en nuestro país: Tras que muchos no podríamos ni sacar el auto a la calle porque desde ese momento estaría el GPS alertándonos como un maniático, el mapa de la ciudad en el aparato –San José, digamos– no podría ni verse al estar cubierto de esta clase de avisos. Ya ven, a veces el progreso no nos conviene.